viernes, 25 de enero de 2013

She floats like a swan

¡Me lo acaba de contar Charo! No me lo puedo creer...Subida en tus tacones, flotando como un cisne, gracia en el agua...Y de pronto, resbalón y contigo pa'La Candelaria. ¡Ay Mari! Dime que no te hiciste mucho. Seguro que no, tu eres fuerte como una roca.

Tu madre se habrá llevado un susto de muerte. Esas cosas son así, como los hombres. Todos los días ahí, delante de una y, de repente, enamorada hasta la médula. Y ya no hay remedio; urgencias, médico, curandera, amigas y a padecer...

Me contaron que casi pierdes las botas de PRADA. Qué susto.

¡Ah! La copita del almuerzo de mañana no te la tomes sin nosotras. Gertrudis y yo iremos con un vinito blanco fresquito a verte. Para que cuentes y tengas con quién comentar la novela.

Hasta mañana cisne.

lunes, 21 de enero de 2013

Tres galletas maría



Ahora que la navidad ha pasado, me ha sorprendido un recuerdo que me acaba de atrapar. No sé si será la codeína, o los litros de agua que me he tomado - dicen que si tomas mucha te quedas tonta - para capear esta tortura de enfriamiento que tengo, el poco apetito o las ganas de revolcón pero estoy sensiblona y melindrosa. Y no creo que sea hormonal, porque, déjame contar... ¡Ah! sí, puede ser hormonal. Bueno, da igual, estoy sensible hoy y tengo derecho. No sé el motivo pero me acaba de venir a la cabeza la historia de una foto.

El otro día me contó  un muchacho - luego te cuento del muchacho, ¡más mono! - una historia  sobre una fotografía de una niña que un familiar suyo hizo hace un  montón de años al norte de un pueblo del norte, en esta isla, en épocas de la ignominia fascista (vamos, en eso, casi como ahora).

En blanco y negro, con un bonito contraste. En un camino de tierra, la hierba alta en los bordes, los brezos de fondo, la luz de lado y la niña, toda ternura en el rostro, vestida con una especie de suéter tejido a mano, como los que nos hacía mi madre cuando yo era una chinija, pero de cinco tallas más que la suya, como un sayo, manchado de jugar y limpio a la vez, decente y consecuente con su situación.  Ojos abiertos, grandes y mirada clara.

La historia que contaba la instantánea, toda su historia, la social, la familiar y la interior y particular de la niña,  más contenido que una enciclopedia, en una fracción de segundo, quedó completa y fría cuando este muchacho me explicó que el fotógrafo la había tomado un seis de enero, por la mañana. La niña, después de ser fotografiada, respondió a la más que típica pregunta ese día: Fulanita, ¿qué te dejaron los reyes? Y su conmovedora respuesta fue: tres galletas maría....

Me voy a hacer una tisanita y a tomarme mi dosis de antigripal. Del muchacho te cuento otro día. Hoy te dejo con las ganas de saber. Me voy a la cama a reflexionar con las tres galletas, la niña y lo que puede dar de sí una magnífica fotografía.

Un beso Mari.